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Sección:
Sexología


LA SEXUALIDAD EN LAS PERSONAS CON ENFERMEDAD MENTAL
Marta Iañez, Educadora Social

 A menudo damos por hecho que todas las personas somos conocedoras de lo que es la sexualidad, viviéndola de una forma plena y satisfactoria pero... ¿qué ocurre cuando se trata de personas con algún diagnóstico de enfermedad mental? Pongamos un ejemplo: Un 1% de la población tiene Esquizofrenia, y tan solo un tercio de ésta se siente satisfecha con su vida sexual. ¿Qué pensaríamos si fuéramos nosotros los que no pudiéramos disfrutar de un encuentro sexual? ¿Qué pasaría su fuéramos incapaces de encontrar una pareja?

La sexualidad es el más delicado de los comportamientos humanos. Exige cualidades de inteligencia, equilibrio, desprendimiento interior y generosidad. La sexualidad es el único terreno en el cual resulta imposible hacer trampas (Pierre Daco)

            ¿Por qué me cuesta tanto tener pareja? ¿Soy raro? ¿Por qué nadie me quiere? Estas son sólo algunas de las preguntas que las personas con una enfermedad mental se pueden hacer a sí mismas cuando se plantean sudas sobre su vida sexual.

            Dentro de la población diagnosticada, encontramos  no sólo diversas enfermedades, sino que podemos distinguir distintos estados de gravedad. Serán éstos los que delimiten las competencias de la persona a la hora de acercarse a la gente, entablar una conversación, mantener relaciones estables y duraderas, formar una familia, disfrutar del sexo, etc.

            Existe un número significativo de personas diagnosticadas que no consiguen establecer relaciones satisfactorias, concretamente con aquellas no diagnosticadas, dado que tienden a relacionarse con otros enfermos y con facilidad se crean círculos que sólo acentúan las dificultades para interactuar con los demás.

            A continuación exponemos algunos de los aspectos más destacados y causantes de estas dificultades, sobre los que se incide en los recursos destinados a la rehabilitación psicosocial de las personas con enfermedad mental.

  1. La red social suele ser escasa, debido a que las habilidades para interrelacionarse con los demás están en algunos casos bastantes mermadas, lo que influye a la hora de entablar una relación sentimental
  2. La propia enfermedad, con todo lo que conlleva y los estereotipos y prejuicios creados alrededor de la misma, es la que les dificulta encontrar una pareja sentimental y duradera.
  3. Tienen dificultades para desenvolverse en situaciones cotidianas; por ello se trabaja en los recursos de rehabilitación sobre ciertas habilidades sociales y de autonomía personal que facilitarán ese comportamiento en situaciones reales de la vida diaria.
  4. Existen algunas medicaciones psiquiátricas cuyo consumo puede producir disfunciones sexuales, lo que también preocupa a los afectados, ya que ven muy restringidas sus relaciones sexuales.
  5. El concepto de sexualidad que tienen está muy restringido a los órganos genitales y al momento del coito, por tanto es indispensable que entiendan la sexualidad como algo mucho más natural y desde una perspectiva más amplia y afectiva.

            Según el estudio “Estigma y Enfermedad Mental: Análisis de las Actitudes de Rechazo Social y Estigmatización que sufren las personas con enfermedad”, que se enmarca en el Plan de Atención Social a las Personas con Enfermedad Mental Grave y Crónica 2003-2007 de la comunidad de Madrid, las personas con enfermedad mental no sólo sufren las consecuencias de la misma, sino que además, han de soportar un prejuicio social que en gran medida obstaculiza, entre otras cosas, su vida sexual, entendiendo la misma como un todo que engloba el amor, el sexo, la interrelación con los demás, en definitiva, la sexualidad.

            Según el mismo, el 24% de las personas con enfermedad mental entrevistadas afirman no salir de casa casi nunca o pocas veces; sólo el 14% de las personas con enfermedad mental crónica tiene pareja estable y un 18% afirma no tener ningún amigo.

            Vemos, por tanto, que unos de los ejes centrales a trabajar son las Habilidades Sociales, que como decíamos con anterioridad, se ven mermadas por el propio curso de la enfermedad, que sumado ala experiencia dañina que viven estas personas, hace que el hecho de salir a la calle sea ya un tormento.

            En cuanto a las disfunciones sexuales, la publicación Sexualidad y Salud Mental (2003) ha realizado un estudio sobre la causalidad de ciertas enfermedades mentales sobre las mismas

Algunas de las conclusiones generales fueron las siguientes:

  1. Las personas con una enfermedad mental dan mucha importancia a su vida sexual.
  2. Disminuyen las posibilidades de mantener una relación sexual puesto que les resulta excesivamente complicado tener una pareja estable.

Si nos centramos en las personas con Esquizofrenia encontramos que:

  1. Aproximadamente dos tercios de la población diagnosticada da mucha importancia a su vida sexual.
  2. Sólo un tercio de la población se muestra satisfecha con ella.
  3. El 46.7% de los hombres con Esquizofrenia tiene riesgo de padecer disfunción eréctil, debido al consumo de ciertos antipsicóticos.

Y ahora con estos datos ¿qué debemos pensar? ¿Realmente se puede hacer algo para solucionar esto? Debemos entender que cada persona necesitará una intervención concreta, enmarcada en los programas de Educación Sexual y Afectiva que en los centros de rehabilitación existen. Pero no sólo se ha de trabajar desde el plano profesional; al mismo tiempo, las familias, amigos, compañeros, parejas, en general, los seres más cercanos al enfermo, pueden hacer mucho por él.

 

Una de las cosas más importantes es fomentar la comunicación sobre la sexualidad. Negarlo sólo ayudará a que la persona que tiene el problema sienta aún más vergüenza y piense que no tiene solución. Por tanto se trata de trabajar juntos, de implicarnos para facilitar lo más posible la visión que el enfermo mental tiene de sí mismo, ya que sólo de esa manera podrá relacionarse mejor con aquellos que le rodean.

            En la mayoría de los recursos de rehabilitación existen programas relacionados con el abordaje de la sexualidad. Educación Sexual, Autoestima, Habilidades de Comunicación y cualquier intervención individual que permite a los enfermos mentales una mayor integración personal y social. En muchas ocasiones el verdadero problema radica en la percepción errónea que tienen los familiares o el resto de la sociedad de que por padecer una enfermedad están privados de deseos y necesidades en el terreno de la sexualidad.

Tener una enfermedad mental no significa no poder disfrutar de la sexualidad; es importante que tanto las personas que la tienen como las que no, empaticen y crean posible que tener pareja, o porqué no, mantener relaciones sexuales por el mero hecho del disfrute momentáneo, sin necesidad de establecer una relación sentimental, está al alcance de todos.

Se trata de vivir la  sexualidad de la forma sana posible.

Si puedo confiar en que más adelante, a la vuelta de la esquina, aparecerá el que me pueda aceptar, amar y desear tal como soy, nada es dramático. (Jorge Bucay)                                                

 

 

 

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