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Sección:
Educativa

Obesidad Infantil, un problema en crecimiento
Lorena López Muñoz, Editora y Coordinadora de la sección de Educativa

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la obesidad y el sobrepeso han alcanzado caracteres de epidemia a nivel mundial. España es el 4º país de la UE con mayor número de niños y niñas con sobrepeso, con un 16% entre los menores de 6 a 12 años.

Las causas del aumento de peso y la dificultad para perderlo, estaría tanto en los cambios en los hábitos de alimentación y en la forma de vida, como en la excesiva permisividad  y sobreprotección que lleva a los niños/as a no desarrollar estrategias de autocontrol para frenar su impulsividad y tolerar la frustración que genera la “sensación de  hambre”.

La obesidad se define como una acumulación excesiva de grasa corporal, especialmente en el tejido adiposo, que resulta peligroso para la salud.

Son muchos los criterios para clasificar la obesidad, dado que son muchos los factores que intervienen en ella, pero en este número nos vamos a centrar en intentar dar alguna pincelada acerca de las posibles causas que están influyendo en el ritmo de crecimiento ascendente que está tomando esta patología y en esbozar algunas de las acciones que podemos llevar a cabo para prevenirla.

Como decíamos, múltiples son las causas que están en la base de este problema, físico y psicológico, porque tanto en las causas como en las consecuencias, las emociones tienen mucho que decir en el sobrepeso y la obesidad. Así, el daño que causa en nuestra autoestima y estabilidad emocional, es un ejemplo de ello, potenciándose con los cambios culturales y cánones de belleza que nos transmite la sociedad en la actualidad.

Los niños y niñas españoles pasan una media diaria de dos horas y media viendo la televisión, y media más en internet o jugando a videojuegos.

Se trata de una vida excesivamente sedentaria como consecuencia de nuestra falta de tiempo o comodidad. Nos es más sencillo que estén entretenidos y quietos con estas actividades, que tener que estar jugando o realizando ejercicio con ellos al aire libre.

Nuestros modelos tampoco son muy dinámicos. Pese a que crece el porcentaje de la población que acude a un gimnasio, o hace deporte, resulta que luego esa misma población también utiliza más el coche para recoger a sus hijos/as del colegio aunque esté a la vuelta de la esquina, sube en ascensor pese a vivir en un primer piso, etc.

La comida rápida, tan rápida como nuestra vida, y la falta de tiempo, nos lleva a utilizar cada vez con más frecuencia platos precocinados, congelados, bollería industrial, zumos envasados..., todos ellos alimentos de alto contenido en grasas y azúcares, excesivamente calóricos. Ya no tenemos tiempo de comer en casa, preparar meriendas y cenas equilibradas, en familia. Por una cuestión práctica, preferimos o nos vemos ,“arrastrados” que el niño coma lo que sea y rápido, a emplear tiempo en educar y crear hábitos saludables. Lo importante es que le veamos crecer, pero y el ¿cómo?

Las emociones también tienen un papel fundamental tanto en la causa como en el mantenimiento del problema.

Estados de ansiedad y estrés en los niños, por dificultades escolares, sociofamiliares y/o un bajo estado de ánimo, pueden provocarle una sensación de apetito descontrolado que le llevará a una forma compulsiva de comer como vía de escape.

Así mismo, las alteraciones del ánimo pueden ser consecuencia del sobrepeso. De hecho la imagen está íntimamente relacionada con la autoestima. Una figura gruesa, puede generar pensamientos de autorechazo, de poca satisfacción con uno mismo.

De hecho, el entorno social, puede manifestar también ese rechazo, con insultos, motes, exclusiones del grupo, no sólo por la imagen, sino por  la dificultad de movilidad que en ocasiones también presentan las personas obesas. Todo ello, a su vez, influye en el sentimiento negativo de la persona, en su estado de ánimo, lo que cerraría el círculo de malestar (ansiedad, tristeza, soledad…), hambre, comida excesiva, malestar….

¿Cómo podemos prevenir el sobrepeso y la obesidad?

Como venimos diciendo, la infancia es una etapa fundamental para la creación de hábitos y comportamientos, para la instauración de límites y de estrategias para hacerlos frente.
Desde la educación más emocional, en el caso de la alimentación, parece que el autocontrol, el aprender a poner freno a la impulsividad, el saber demorar la llegada de refuerzos y premios, resultan piezas claves.

Y podemos ayudarnos con pequeños instrumentos tales como actuar como modelos reflexivos (que nos vean y oigan meditar nuestras decisiones), mostrar conductas pacientes (en el coche, esperando un semáforo, en un restaurante…)  premiar la capacidad de espera de nuestros hijos/as (si sabes esperar a mañana podrás comprarte dos paquetes de cromos en lugar de uno), es decir, no responder a sus demandas inmediatamente y enseñarles a controlar su enfado o rabia por ello.

En cuanto notemos un cambio en el apetito de nuestros hijos/as, es importante explorar la existencia de algún conflicto o problema que le pudiera estar preocupando.

La comida no debe usarse de forma sistemática como premio o castigo, ello se puede volverse en nuestra contra, y no poder frenarlo.

Desde un punto de vista más práctico, la creación de hábitos saludables en torno a la alimentación como una dieta equilibrada, lugares y horarios más o menos estables para las comidas, velocidad de ingesta controlada, no realizar actividades, tales como ver la tele o leer, en paralelo con la comida, son elementos que ayudan a  prevenir cualquier trastorno de alimentación.

Así mismo, resulta muy útil realizar ejercicio físico en familia, saliendo el sábado al campo o practicando algún deporte juntos; y fomentar actividades deportivas apoyándoles en su realización y reforzando su esfuerzo.

 

Lorena Lopez Muñoz