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Sección:
Educativa

Cómo disminuir o eliminar las conductas  inadecuadas de nuestros hijos/as Lorena López Muñoz, Editora y Coordinadora de la sección de Educativa

¿Cómo terminar con las rabietas y pataletas de mi hijo cuando no cedo a sus demandas? ¿cómo conseguir estudie en lugar de ver la tele? ¿Cómo hacer que deje de llegar más tarde de su hora o llame para pedir permiso? Modificar el comportamiento de nuestros hijos e hijas, como estamos viendo, no es tarea fácil, pero con constancia y esfuerzo, podremos estar tranquilos a largo plazo. Veamos algunas técnicas que nos pueden ayudar a disminuir e incluso eliminar aquellos comportamientos inadecuados y molestos de nuestros hijos/as.

Aunque lo fundamental es poder instaurar y desarrollar nuevos comportamientos y habilidades que permitan al niño/a una actuación adecuada ante las necesidades del entorno, en ocasiones se hace necesario reducir e incluso eliminar aquellas conductas que alteran, dificultan o impiden una buena adaptación del niño/a al medio, a un ambiente adecuado y feliz tanto para éste/a como para su entorno familiar, escolar y social.
Algunas de las técnicas que nos pueden ayudar en este cometido son:

Extinción

De igual forma que aquellas conductas que van seguidas por consecuencias gratificantes aumentan en frecuencia, si a un comportamiento no le siguen consecuencias positivas, ira disminuyendo hasta llegar a desaparecer. Así pues, para terminar con las conductas inadecuadas de nuestros hijos e hijas no debemos recompensarles ni prestarles atención de ninguna clase, ya sea en forma de razonamientos, explicaciones o reprimendas,  ya que la atención es el mayor refuerzo que alguien puede obtener. Sencillamente  no ocurrirá nada.
Si aplicamos esta técnica de forma consistente y continuada obtendremos la reducción y eliminación de la conducta indeseable.

Si, por ejemplo, cada vez que Pablo tiene una "rabieta", consigue que su madre intervenga, razonando, gritándole, o comprándole el caramelo o el juguete, motivo de la rabieta, es muy probable que ésta se repita con más frecuencia. El niño habrá aprendido que todo es cuestión de persistencia e intensidad. La mejor forma de actuar es dejarle sólo, manteniéndonos cerca, y esperar a que deje de llorar o gritar. Pero nunca amenazarle con dejarle ahí, algo que además sabemos que no podemos cumplir, o decirle  que así no va a conseguir nada y su comportamiento es de bebé etc..., con ello el niño verá atendida su demanda y sentirá “control” sobre nuestro comportamiento.

Cada vez que Jaime hace el “tonto” en clase, sus compañeros ríen abiertamente y celebran sus tonterías. Debido a ello Jaime se comporta cada vez peor en clase. Si sus compañeros dejaran de reírse y fijarse en él cuando actúa de ese modo, y el profesor de llamarle la atención o reprenderle delante de todo el grupo, haciéndole “protagonista del día”, transmitiéndole que tiene el poder de para toda una clase,  probablemente esa conducta se extinguirá.

Pero para ser efectivos debemos ser también consecuentes y constantes. Debemos obrar de la misma forma cada vez que tenga lugar el comportamiento incorrecto, porque de lo contrario el niño/a aprenderá que cambiando o insistiendo obtendrá lo que pretende, manteniéndose así su comportamiento negativo.

Así, si durante tres veces seguidas ignoramos las pataletas de Pedro y la cuarta vez cedemos a su capricho, porque estamos cansados y nuestra paciencia se acaba, habremos fortalecido su conducta y las pataletas proseguirán.

Es de esperar, y por tanto es importante advertir, que esta técnica supone un aumento inicial de la emisión del comportamiento no deseado, ya sea en la intensidad de las rabietas o las llamadas de atención en el aula, e incluso de cierta agresividad en el niño/a al ver que su conducta no funciona o que necesita intensificar sus respuestas para conseguir su objetivo.

Para la extinción sea eficaz, es necesario identificar y controlar los refuerzos que mantienen el comportamiento indeseado (atención, obtención de lo que deseo,...) y dejar de emitirlos.

Aunque es cierto que es una forma de reducción de comportamientos lenta y costosa, resulta muy eficaz y poco agresiva.

El reforzamiento de conductas alternativas

No reforzar las conductas inadecuadas no es lo único que debemos hacer para eliminarlas. ¿Y si el niño/a no sabe otra forma de llamar la atención, de conseguir lo que quiere, de recibir aprobación?
Esta técnica, que normalmente acompaña al resto de las técnicas de disminución o eliminación de conductas inadecuadas para acelerar el proceso, consiste en premiar comportamientos adecuados y alternativos a los que queremos eliminar. Así cada vez que el niño pida las cosas de forma adecuada y no llorando, o se mantenga en clase callado en lugar de alborotando, buscaremos la forma de recompensarlo, con cualquiera de los reforzadores comentados en artículos anteriores (una felicitación, una tarea especial, un premio....).

Mientras la madre de Sara está tomando un café con una amiga, el niño lloriquea a fin de atraer su atención, hasta que ella abandone y juegue con él. Si además de no atender sus lloriqueos,  la propone hacer unos dibujos o un puzzle mientras ella habla, y lo recompensamos con atención (“qué bonito te está quedando”, “Qué bien te estás portando”,  dando caricias, sonrisas,...) un helado al terminar, o cualquier otro “premio”, su conducta de llorar disminuirá con mayor facilidad.

No debemos perder de vista que los niños siempre están en busca de protagonismo, de atención, de cariño, de reconocimiento, algo básico para la formación de una buena autoestima y seguridad en uno mismo. Si sólo utilizamos la extinción, esta necesidad se ve insatisfecha, y por tanto el desarrollo emocional óptimo del niño/a  se ve frenado. No se trata de no valorar o atender, sino de hacerlo ante comportamientos adecuados y en momentos oportunos. Cuantas más oportunidades demos al niño para sentirse eficaz y exitoso, más satisfecho y feliz crecerá.

Este es un enfoque, aunque algo lento y costoso, muy positivo, ya que no genera conflictos ni reacciones agresivas o negativas,  y constructivo, el niño/a aprende nuevos y adecuados comportamientos.  

Estas son dos herramientas más que nos ayudarán en la tarea de optimizar y mejorar el comportamiento de nuestros hijos/as. Ahora es el momento de practicar y comprobar su eficacia, sabiendo que la constancia y la paciencia son virtudes esenciales en el éxito de dicha tarea.
En el próximo artículo continuaremos aportando estrategias que nos faciliten la posibilidad de modificar aquellos comportamientos que nos son difíciles de manejar. 

 

Lorena López Muñoz