La Revista de la Salud Mental
Conoce todos los caminos que conducen al bienestar


Sección:
Educativa

¿Sabemos castigar?: la cara y la cruz de una técnica tradicional
Lorena López Muñoz, Editora y Coordinadora de la sección de Educativa

Quizá la técnica más conocida y utilizada para eliminar aquellos comportamientos que nos resultan molestos sea el castigo. Parece sencillo llevarlo a cabo, pero ¿sabemos castigar? entonces ¿por qué no resulta a veces eficaz? ¿por qué no nos ayuda a conseguir nuestros objetivos?¿tenemos en cuenta las consecuencias y efectos no deseados  del castigo?.Vamos a tratar de conocer mejor el uso de esta técnica para potenciar sus efectos positivos y minimizar los negativos, es decir hacer de esta una técnica eficaz.

El Castigo

¿Qué es el castigo? El castigo es la aparición contingente e inmediata de cualquier consecuencia negativa, consecuencia materializada en un gesto, una palabra, una experiencia..., tras la realización de un comportamiento no deseado. La finalidad del mismo es reducir la probabilidad de aparición de dicho comportamiento en el futuro e incluso eliminarlo
Hay muchos tipos de castigos, aunque no todos son adecuados pese a que en un primer momento nos puedan parecer eficaces. Por ejemplo ridiculizar, pegar con fuerza o amenazar pueden conseguir de forma inmediata que un niño/a se calle, se siente, o coma, pero pueden provocar a largo plazo consecuencias no deseadas difíciles de eliminar.

El castigo puede ser: físico: una bofetada, ponerle cara a la pared, un tirón de orejas.. verbal: una crítica, un insulto..., social: ridiculizar delante de compañeros o amigos, poner algún distintivo negativo, enseñar un mal resultado en público... otros consisten en la prohibición de una actividad agradable para el niño: no ver TV, no coger la bicicleta, no ir a la piscina, o en la retirada de un privilegio: no recibir la asignación semanal, no tomar flan de postre...o en desempeñar una actividad desagradable: copiar varias veces un error cometido, hacer una redacción de una falta, recoger la clase entera...

En ocasiones el castigo puede convertirse en premio, ayudando a mantener el comportamiento tanto del emisor del castigo como de la persona a la que pretendemos censurar. Esto sucede cuando no hemos valorado con cuidado si la consecuencia que ha tenido el comportamiento, es negativa, no sólo para el que la impone, sino también para el que la recibe. Por ejemplo el profesor que echa de la clase a un niño que está interrumpiendo o distrayendo al resto, con el fin de castigarle y terminar con dicho comportamiento. Si al niño le aburría la clase y en el pasillo puede estar más distraído, no percibirá este hecho como un castigo, más bien se sentirá reforzado, sabiendo qué debe hacer cuando quiera “escapar” de las clases que no le gusten. O el padre que castiga sin salir al niño/a, cuando lo que le gusta es ver películas en casa.
 
Es un método muy usado por su eficacia a corto plazo y por resultar instructivo para quien lo observa, corta rápidamente el comportamiento indeseable y los demás “aprenden” lo que les sucederá si lo llevan a cabo.

Pero utilizado sin medida, de forma continuada y como técnica única puede provocar agresividad en los receptores del castigo, que tenderán a usar esta estrategia para resolver sus conflictos. Puede generar también sentimientos de rabia y odio que les lleva a buscar represalias contra el castigador; reacciones de escape del “castigador”, huyen de su compañía; dificultades de generalización, tiene un efecto poco duradero y presente mientras está presente el “castigador”, así, por ejemplo, si el padre o la madre puede conseguir que el niño estudie porque están presentes, es posible que si un día ellos no están, el niño no estudie; reacciones emocionales negativas, principalmente ante el castigo social, como ansiedad en niños/as ridiculizados/as por su profesor/a delante del resto de la clase, tendiendo a bloquearse en el aula, o depresión por baja autoestima al sentir que lo hacen todo mal o fuertes sentimientos de culpabilidad a largo plazo.

Por ello para potenciar las consecuencias positivas del mismo y sacarle realmente partido es importante que: sea aplicado como último recurso dentro de las técnicas expuestas, debe tener relación con la infracción cometida ), tanto en materia como en intensidad  (si el niño no ha hecho los deberes es preferible mandarle ejercicios extra para el día siguiente que dejarle sin recreo, y no los mismos si es la primera vez que si ya es recurrente); debe aplicarse de forma inmediata a la emisión de la conducta inapropiada y de forma coherente y sistemática, es decir siempre que esta aparezca, no en función de nuestro estado de ánimo.

El castigo no resulta apropiado para comportamientos muy frecuente, ya que el niño/a estaría permanentemente castigado, en estos casos es preferible premiar conductas alternativas e incompatibles; no deben ser duraderos y se deben mantener de principio a fin.
Los castigos físicos debemos aplicarlos de forma moderada, en  casos extremos y nunca como descarga de nuestro enfado

Además es importante combinarlo con otras de las técnicas expuestas, como la extinción, o el refuerzo de comportamientos alternativos y adecuados, de lo contrario la autoestima y estabilidad emocional del niño/a se verán afectadas.  

Teniendo en cuenta lo expuesto, antes de aplicar un castigo sería bueno preguntarse ¿seré capaz de cumplirlo?¿es proporcionado al error cometido?¿me ayudará a conseguir lo que quiero o sólo me aliviará momentáneamente?. ¡¡CUIDADO CON ÉL!!