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Sección:
Psicología Clínica

La Pedofilia y los Abusos sexuales (II)
D. Fernando Azor Lafarga, Co-director, coordinador de la sección clínica; y Victoria Trabazo Arias, editora de la sección SM, implicaciones legales y forenses

Como se mencionaba en el artículo del mes anterior, la incidencia de abuso sexual en los menores  es mucho más elevada de lo que uno se puede llegar a imaginar (un 23% de las mujeres y un 15% de los hombres españoles ha sufrido abusos sexuales según un estudio elaborado por la psiquiatra Patricia Matey). Es por esto que ante esta realidad y ante el riesgo que supone, es necesario que las personas que tengan niños a su cargo conozcan una serie síntomas que pueden ayudar a detectar un posible abuso sexual.

En primer lugar es importante señalar que según los estudios se calcula que sólo un 2% de los abusos sexuales (dentro de la familia) se detectan en el momento en que éstos se producen. La víctima puede esconder la existencia de los abusos por diferentes razones: obtener regalos adicionales, miedo a no ser creída, o temor a destrozar la familia o a represalias del agresor.

Existen diferentes indicadores que pueden hacer sospechar de la existencia de un abuso sexual. En lo que respecta al comportamiento de los menores, estos indicadores pueden ser (Echeburúa, 2000): pérdida de apetito; llantos frecuentes sobre todo relacionados con situaciones afectivas o eróticas; miedo a estar solo, con hombres o con un determinado miembro de la familia; rechazo al padre o a la madre de forma repentina; cambios bruscos de conducta; resistencia a desnudarse o a bañarse; aislamiento y rechazo de las situaciones sociales; problemas escolares o rechazo a la escuela; fantasías o conductas regresivas (volver a chuparse el dedo o a orinarse en la cama, etc.); tendencia al secretismo; agresividad, fugas o acciones delictivas; y autolesiones o intentos de suicidio.

Otros indicadores están relacionados con la esfera sexual y pueden ser (Echeburúa, 2000): rechazo de las caricias, de los besos y del contacto físico; conducta seductora; conductas precoces o conocimientos sexuales inadecuados para su edad; interés exagerado por los comportamientos sexuales de los adultos; y agresión sexual de un menor hacia otros menores.

Si bien es cierto que estos indicadores pueden encontrarse en los casos de abuso sexual, la existencia de alguno de ellos de forma aislada no tiene que indicar necesariamente la presencia del abuso. Es importante señalar que estos indicadores deben valorarse de una forma global, es decir, serán más significativos en la medida en que aparezcan un conjunto amplio de estos indicadores. Los indicadores sexuales son los que están más relacionados con la existencia de un abuso sexual, pero quizás lo más significativo puede ser cuando un menor presenta un cambio brusco con respecto a una situación o a alguna persona en particular (no querer ir al colegio, no querer que se le bañe, no querer estar con una persona que antes aceptaba, etc.).

Además de estos indicadores pueden existir otros de tipo físico que quizás puedan ser más evidentes (dolor en zona genital, dificultad para sentarse, ropa interior manchada de sangre, etc.).

Cuando se tiene la sospecha de un abuso sexual lo primero es acudir a los profesionales adecuados para que evalúen al menor (pediatra, psicólogo, etc.) y si se tiene sospecha de quién puede ser el agresor, proteger al menor de éste. Además, por supuesto es necesario denunciar los casos para que así pueda evitarse que el agresor o agresores puedan seguir cometiendo los abusos, aunque lamentablemente, en este tipo de casos y sobre todo cuando se descubre el abuso pasado ya un tiempo, el conseguir demostrar en los tribunales la existencia del mismo puede ser una tarea muy difícil. Un dato a tener en cuenta es que si se denuncian los hechos y el menor va a ser evaluado por psicólogos forenses, es importante intentar no preguntar al menor sobre los hechos denunciados para así no interferir en el recuerdo del niño y que el testimonio de éste pueda considerarse válido.

Si se confirma la existencia del abuso es necesario que tras haber realizado las evaluaciones pertinentes (sobre todo cuando son necesarias para una denuncia), el niño reciba un tratamiento psicológico adecuado para evitar posibles secuelas a largo plazo.

 

 

Fernando Azor Lafarga

Victoria Trabazo

 

 

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