La Revista de la Salud Mental
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Sección:
Psicología Clínica

Ocio y Salud Mental
D. Fernando Azor Lafarga, Co-director, coordinador de la sección clínica

Se acerca la época estival y es ahora cuando es más fácil realizar actividades de ocio al tener mayor tiempo libre. La mayoría de las personas hacen coincidir estas fechas con las vacaciones haciendo que se asocien calor, muchas horas de luz y falta de responsabilidades profesionales. ¡La mezcla es realmente buena! Si además disponemos de un buen presupuesto para gastar… aún mejor.

La cuestión es que, en ocasiones, se convierten los meses de julio y agosto en un “atracón” de actividades gratificantes que no se unen a las realizadas el resto del año. Es como si sólo se pudiera uno divertir en verano. Cuando esto es así, la vuelta al trabajo tras las vacaciones se hace más dura. Es importante realizar ciertas actividades que nos mantengan entretenidos y divertidos durante todo el año, de esta manera, el estado de ánimo, la motivación para el trabajo y la tolerancia al estrés mejoran.

Podríamos decir que las personas tenemos un punto de simplicidad claro en algunas áreas. Lo que hace que seamos felices, o por lo menos lo que nos mantiene ilusionados en el día a día, son las pequeñas cosas. Se puede ser feliz sentado en una piedra en la plaza del pueblo, o conduciendo un Ferrari, lo importante es romper las rutinas cotidianas con cierta regularidad y si es posible planteándonos actividades que impliquen algún tipo de reto para que podamos medirnos y ver nuestras capacidades y limitaciones. Estas actividades pueden ser moderadamente estresantes, pero lo justo para que no tengamos que estar anticipando en exceso el momento de realizarlas, o el resultado final que alcanzaremos.

El ocio es una forma de desconexión que si bien puede ir asociado a descanso físico, su utilidad psicológica está especialmente centrada en favorecer en las personas una ruptura con otras actividades realizadas cotidianamente. En sí, “cambiar” ya es terapéutico. De hecho, cuando uno siente que está cansado o aburrido de su cotidianeidad es más importante que haga cosas diferentes, aunque impliquen esfuerzos físicos, que pasar muchas horas tumbado en la cama o en el sofá. La mente descansará más y el beneficio personal también será mayor.

Yo mismo, en consulta, cuando valoro el estado de una persona, además de otros aspectos pongo especial atención en el ocio. Siempre es, junto a los apoyos sociales, un factor protector y que implica, de cara a la evolución, un mejor pronóstico al final del tratamiento.

Quienes no estén acostumbrados a crear opciones de ocio en sus vidas, si se ponen a ello les costará, e incluso dudarán de la utilidad del esfuerzo. Puede darse el caso además, de personas que lleven tanto tiempo sin dedicarse a ellos mismos algo de ocio y de momentos de satisfacción que cuando se les propone que hagan algo para sentirse bien, algo que les divierta, no saben qué pueden hacer, ya no recuerdan qué les gustaba, y lo que es peor, se sienten mal al intentar romper con la rutina (me siento culpable porque hay mucho que hacer, esto es una pérdida de tiempo, etc). Cuando esto ocurre es la primera señal de alarma, puede que el estrés o el estado depresivo se estén apoderando de la situación, es el momento de actuar, de un cambio. Este cambio debe dirigirse en primer lugar a buscar un poco de tiempo para tener alguna actividad de ocio, buscando en primer lugar aquellas actividades de menos “coste” (más fáciles, con menos esfuerzo, etc) y a la vez más gratificantes. Es importante empezar poco a poco y tener en cuenta que cuando uno lleva mucho tiempo sin ocio es frecuente que en un principio no se disfrute de éste tanto como se espera, paciencia.

En cualquier caso insisto desde estas líneas: es muy importante tener ocio, y qué mejor momento que el inicio del verano para empezar con esta tarea que si nos concienciamos mantendremos en cierta medida a lo largo de todo el año.

 

Fernando Azor Lafarga

Victoria Trabazo

 

 

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