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Sección:
Psicología Clínica

El sueño, pesadillas e interpretación
D. Fernando Azor Lafarga, Co-director, coordinador de la sección clínica

Como vimos el mes anterior, el sueño es un proceso complejo en el que se alternan diferentes fases. Vimos también la principal utilidad de cada una de estas fases. En esta ocasión nos vamos a detener principalmente en el sueño como mecanismo para poder pasar página tras vivir los acontecimientos diarios. El sueño nos permite volver a recordar lo que hemos vivido cada día o lo que nos ha preocupado. De esta forma somos capaces de eliminar cierto valor negativo de algunos hechos a la vez que favorecemos el olvido de lo que no es tan relevante. Digamos que es el “servicio de mantenimiento” que de forma natural ordena y mejora los datos que vamos acumulando cotidianamente.

Existen diferentes estudios sobre cómo el mero hecho de recordar un acontecimiento traumático, como por ejemplo un incendio o un accidente, favorece cambios en nuestra actividad eléctrica, especialmente en aquellas zonas donde se localizan las emociones: la estrategia era sencilla, se comparaban dos grupos de personas que habían vivido acontecimientos traumáticos similares. A unos se les pedía que escribiesen frecuentemente sobre ello y a los otros nada. Se vio que el grupo que había recordado más el acontecimiento tenía mucha menos actividad eléctrica cerebral en las áreas implicadas con las emociones que el otro grupo. El sueño tiene un papel similar. Lo que ocurre es que si la intensidad de lo vivido es excesivamente elevada el mecanismo no da a basto y se produce una mala calidad en el sueño y una pobre elaboración de los hechos. En estos casos será más frecuente tener pesadillas. Éstas suelen tener como protagonistas a las personas y entonos más cercanos en el tiempo a las vivencias estresantes, pero en ocasiones podemos incluir viejos recuerdos con gente y ciudades que no corresponden a lo vivido actualmente. Esto es así porque lo que le interesa a nuestro cerebro es reproducir el valor emocional y para eso podemos introducir vivencias anteriores que nos sean equivalentes afectivamente. Por ejemplo, mi jefe es muy crítico con mi trabajo, me produce rabia e impotencia y por la noche sueño con mi padre, ya fallecido, cuando me echaba la broca por las notas del colegio pero en mi casa delante de mi marido y mis hijos. Algo absurdo fuera de un sueño pero útil según lo explicado. De esta manera habría que entender las pesadillas como un síntoma que nos indica el nivel de malestar que vamos acumulando a lo largo del día. Para tenerlas no es necesario sentirse superado por los problemas pero si aparecen de forma regular será porque nuestra vivencia cotidiana es más intensa de lo deseable

Así pues, la interpretación de los sueños es poco mágica, tiene más que ver con nuestros procesos mentales y nuestra manera de afrontar los acontecimientos que con premoniciones o dotes adivinatorias, ¡aunque cualquiera sabe!. En cualquier caso, el hecho de que nuestros mecanismos racionales estén frenados durante el sueño, nos da información sobre cómo sentimos o vivimos determinados hechos sin justificarnos y sin minimizar excesivamente, es decir, cómo nos afectan las cosas que nos ocurren.