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Sección:
Psicología Clínica

Problemas Físicos agravados por la Ansiedad
D. Fernando Azor Lafarga, Co-director, coordinador de la sección clínica

En el día a día es muy común llegar a padecer síntomas de tipo físico tales como dolores de estómago, dolores de tripa, dolores de cabeza y en ocasiones incluso migrañas, Estos síntomas son en la mayor parte de los casos consecuencia de estados de ansiedad o de angustia mantenidos en el tiempo a raíz de problemas más o menos cotidianos. En mayor o menor medida todos conocemos estos datos, pero sin embargo no son sólo éstas las consecuencias de los estados ansiosos, veamos una breve lista: hipertensión, taquicardias, caída del pelo, herpes, aftas bucales, eccemas cutáneos, erupciones en la piel, náuseas y vómitos, diarrea y estreñimiento, aumento de gases, dolores de espalda, aumento del colesterol, sensaciones de mareo, vértigos, parálisis faciales y sudoración copiosa de manos entre otros.

Llegados a este punto quizás parezca algo complicado poder justificar tal relación. Para entenderla habrá que intentar analizar cómo funciona la respuesta de defensa natural que el organismo produce ante las agresiones: nuestro cuerpo no diferencia entre agresiones físicas o psíquicas, externas o internas, simplemente se pertrecha para poder salir indemne de un ataque. En realidad, el tipo de protección que ponemos en marcha ante una amenaza es la misma que ponían nuestros antepasados cuando eran amenazados por posibles depredadores. Todas las respuestas físicas que se producen preparan al organismo para guerrear o salir huyendo. Así, cuando nos activamos aumentamos la tensión muscular, aumentamos la tasa cardiaca para llevar mas alimento a nuestros músculos, se bloquea la digestión y la secreción de orina debido a que en un estado de alarma son funciones menos relevantes para la supervivencia, se segrega adrenalina, aumenta el colesterol puesto que se ha de consumir (aparentemente) en breve, y se suda más para refrigerar mejor a los músculos del cuerpo ya que al fin y al cabo nos pueden salvar la vida. Todo esto en realidad “para nada”, resulta que en la mayor parte de las ocasiones no nos persigue ningún león hambriento, sino que no queremos quedar mal con un amigo, llegamos tarde al trabajo, tememos perder el trabajo, algo nos parece injusto... Si el estado de alarma no dura más de unas horas no tendremos apenas efectos secundarios, pero si es mantenido poco a poco comenzarán a producirse somatizaciones e incluso trastornos psicofisiológicos. Un ejemplo gráfico: imaginemos un atleta preparado en la salida para correr los cien metros lisos, imaginemos que el juez  comienza el “preparados...listos...” y en ese momento decide irse a dar una vuelta de un par de días, evidentemente el corredor se queda con la idea de que en cualquier momento le darán la señal de inicio. Pues eso es lo que hace el organismo ante los agobios mantenidos y cotidianos.

Por tanto si padece alguno de estos síntomas, primero descarte una posible patología física pura, y si aun así los síntomas perduran o sólo obtiene un tratamiento paliativo, valore que puede obtener una solución eficaz y duradera para su malestar dentro del ámbito de la psicología.