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Sección:
Psicología Clínica

LA PIEL NOS HABLA III- PSORIASIS Y DERMATITIS ATÓPICA
Alejandra Carmona Franco, Editora y Coordinadora de la sección: "Apoyo a otras disciplinas"

Dermatitis Atópica y psoriasis, dos enfermedades de la piel altamente sensibles a las emociones.

Tanto la Dermatitis Atópica como la psoriasis son enfermedades de la piel. La psoriasis es una enfermedad inflamatoria de la piel que se caracteriza por irritación e hinchazón cutánea, cuyos síntomas más característicos son el enrojecimiento y la presencia de placas con escamas plateadas y/o grietas. La Dermatitis atópica se caracteriza fundamentalmente por lesiones en forma de enrojecimiento que provocan un intenso picor y sequedad.

Ambas son enfermedades bastante comunes y de carácter hereditario, que pueden aparecer de forma repentina o gradual, cursan con períodos de empeoramiento y mejoría, y cuyas lesiones se agravan cuando la persona se encuentra en situación de estrés, ya que en estas circunstancias el sistema inmunológico disminuye y aumentan las toxinas en el cuerpo.
En el caso de la dermatitis atópica se considera benigna y en muchas ocasiones tiende a desaparecer con la edad, aunque algunas se mantienen a lo largo de la edad adulta y entonces se considera crónica; cuando esto ocurre, estamos ante una enfermedad muy molesta debido a los picores que provoca. En el caso de la psoriasis, es una enfermedad que no tiene cura aunque si tratamiento preventivo, es decir, actuaciones encaminadas a evitar que salgan los síntomas o que cuando éstos se den no aumenten en gravedad. La psoriasis puede tener fases, y en los casos más graves las placas pueden cubrir todo el cuerpo pudiendo requerir incluso la hospitalización, por lo que hay que tener claro que el tratamiento deberá estar siempre determinado por el dermatólogo y en función de la gravedad.

El hecho de que el organismo tenga una predisposición hereditaria a padecer estas enfermedades, hace que éste padezca más ante algunas circunstancias y provoque la aparición de los síntomas de la psoriasis y/o la dermatitis. Por ejemplo, una quemadura o una irritación de la piel, cuando la persona presenta un problema autoinmune, la toma de algunos medicamentos, cambios hormonales, la obesidad o la exposición a ambientes climáticos extremos, tienden a favorecer el agravamiento de los síntomas de estas enfermedades.
Es imprescindible llevar unos hábitos básicos para que el organismo se mantenga en equilibrio, tanto interna como externamente. Desde el exterior en cuanto a la higiene personal duchándose diariamente, utilizando jabones no agresivos y evitando frotar la piel en exceso, o utilizando champús específicos; y hacia el interior llevando una dieta equilibrada, haciendo ejercicio y manteniendo horarios de sueño apropiados. Uno de los factores internos que es imprescindible controlar es el estrés, ya que como hemos dicho es uno de los principales factores que tienden a agravar ambas enfermedades.
 
Con estos hábitos se consigue un mayor equilibrio del organismo que ayuda a controlar mejor el estrés, pero no con ello desaparece. Es también importante equilibrar entre las obligaciones y las actividades de ocio, apoyarse en las relaciones sociales para combatir los momentos de tensión, controlar los efectos externos que provocan estrés, realizar alguna actividad que controle los síntomas de la ansiedad como la relajación o el yoga, etc.
Otro factor psicológico que hay que tener en cuenta es la vivencia de la enfermedad. Como hemos ido comentando en esta línea de artículos relacionados con la piel, ésta es una parte muy visible de nosotros, que puede condicionarnos mucho a la hora de relacionarnos. Si imaginamos unas manos totalmente escamadas, heridas que se asemejan a quemaduras en las manos, o grietas en los pliegues de los codos o rodillas, enrojecimiento o escamación  por partes del cuerpo, etc. todos ellos síntomas muy visibles, podemos imaginar también la reacción de aquellos que nos rodean. Cuando estos síntomas se dan en niños y adolescentes, el condicionamiento es mucho mayor, debido a la necesidad de sentirse aceptados por el grupo. Estas enfermedades causan en muchos adolescentes una exclusión social por miedo al rechazo, así como problemas de autoestima, que pueden agravarse y necesitar apoyo psicológico; pero no solo en los adolescentes, la influencia en adultos también es considerable pudiendo provocar importantes desajustes en la esfera social y laboral.
Cuando la persona padece un sufrimiento psicológico por la vivencia de la enfermedad es importante realizar los consejos que el dermatólogo indica y  buscar ayuda psicológica.

 


 

 

 

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