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Sección:
Salud Mental en el Trabajo

El placer y la activación en el trabajo.
Alfonso Alonso Parga Beatriz y Becerro de Bengoa . Editores y Coordinadores de la sección: Salud Mental en el Trabajo

La salud mental laboral guarda mucha relación: 1º) con las condiciones de trabajo y de empleo (contexto) y, 2º) con las relaciones formales e informales que se establecen en el trabajo (interacción interpersonal). Pero la conclusión o el resultado de estos dos puntos es que todas las personas hablan de emociones a la hora de expresarse. De ahí la importancia que ocupa el estado de ánimo y los afectos que tanto se estudian en el campo profesional. El bienestar afectivo se ha considerado de una forma bastante indiferenciada, es decir, haciendo la distinción entre sentirse bien o sentirse mal.

Por otro lado, algunos estudios han teniendo en cuenta dos dimensiones: "placer" y "activación". Es decir, lo que hace que nos sintamos bien o mal, está relacionado con la sensación que tenemos y lo acelerados que nos encontremos. De hecho, la propia sensación hace que “pisemos o no el acelerador”, o lo que es lo mismo, la activación.

Según estas dos dimensiones (activación y placer) nos podemos encontrar con cuatro cuadrantes:

Como se puede apreciar en el gráfico, el resultando sería:

  1. Gran activación y placer indican entusiasmo.
  2. Baja activación y placer indican comodidad.
  3. Gran activación y desagrado indican ansiedad.
  4. Baja activación y desagrado indican estado de ánimo depresivo.

Como es lógico, este cuadrante se puede entender de manera estática o dinámica. El sentido que proponemos es dinámico, ya que el estado de ánimo puede variar. Pongamos un ejemplo: la “comodidad laboral” al principio puede ser un sentimiento positivo, pero puede que después de un tiempo nos indique resignación. Lo que significa que podamos entrar en el cuadrante de “ánimo depresivo”. Ya que la motivación de conseguir retos (motivación de logro), queda mermada por la propia inactividad laboral.

La conclusión que se deriva del estudio de estas dos dimensiones, es que “el cambio de estado de ánimo”, o la búsqueda de la “felicidad laboral”, debe ser una premisa clave para poder desarrollarse laboralmente.

Piense que si las condiciones de trabajo y de empleo que tiene son “normales”, así como sus relaciones formales e informales, aproveche la ocasión y considérese afortunado. Ya que, ningún trabajo puede ser perfecto. Llega un momento en que se puede pasar de “entusiasmo” a “ansiedad”, o como decíamos en el ejemplo, de “comodidad” a “ánimo depresivo”, y así con todas las posibilidades o variaciones que se deriven de los cuatro cuadrantes. Pero además, es normal que esto suceda, porque puede que la situación cambie, como por ejemplo cuando se acorta el plazo de entrega de un trabajo que hay que realizar (por mucho que nos guste la tarea a realizar), o cuando asumimos un reto nuevo. En este caso lo que se produce es “entusiasmo”.

Por estas razones, lo que más interesa es posicionarse, en la medida de lo posible, en el cuadrante de entusiasmo, cuando las condiciones de trabajo y las relaciones son normales.

 

 


Alfonso Alonso Parga Beatriz Becerro de Bengoa

 


 

 

 

 

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